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Las necesidades de la iluminación industrial, de grandes espacios ya sean de uso público o privado, es muy diferente de la que se utiliza en el hogar o uso particular, por eso existen soluciones y productos específicos para ese ámbito.

Las naves, locales y almacenes que albergan a grandes y pequeñas industrias acostumbran a ser son espacios amplios, con techos elevados (alrededor de los 5 o 6 metros de altura), diáfanos y, normalmente con zonas de trabajo específicas. A lo que hay que sumar que en la mayoría se realizan actividades de entre 12 y 24 horas diarias donde hay que tener en cuenta la nocturnidad y el uso prolongado de las lámparas. Por todos esos requisitos la planificación de un proyecto de iluminación industrial hay que realizarlo concienzudamente. Es recomendable optar por un estudio personalizado, realizado por un profesional, que pueda asesorar de las necesidades de iluminación y la tecnología a emplear. Hacer una previsión lo más real posible del consumo estimado, valorar la luminosidad que se necesita, entre otros parámetros, para optimizar al máximo la inversión.

Consejos para la instalación de la iluminación industrial:

  • Tecnología LED: ofrece una mayor calidad de luz, suponen un ahorro por su bajo consumo, tienen una larga durabilidad y requiere menor mantenimiento. Además las lámparas de tecnología LED apenas se calientan, y permiten incorporar sistemas inteligentes de automatización lo que supone grandes beneficios para la industria. Aunque la inversión inicial es mayor a comparación con la iluminación convencional, el ahorro a la larga puede llegar a ser de hasta el 70%. Es importante elegir marcas de buena reputación como garantía de calidad. La tipología de LED debe ser con sistema de SMD ya que estas bombillas pueden seguir funcionando aunque alguno de sus LEDs esté estropeado. Este tipo de tecnología ilumina al 100% de su capacidad nada más activarlas por lo que no hay que esperar a que se calienten. Emiten mucho menos emisiones de CO2 y, evitan el efecto estroboscópico o efecto que se produce en la visión ante el parpadeo constante de la luz cuando está a punto de fundirse.
  • Luminosidad: la cantidad de luz dependerá de la potencia instalada, según las necesidades concretas de cada área. En espacios con techos elevados se necesitará una lámpara con más vatios por ejemplo. Un defecto de iluminación provocará esfuerzos en la visión, y un exceso puede deslumbrar, en ambos casos con las consecuencias que conlleva a nivel de salud, económico y medioambiental. Contratar justo la potencia necesaria optimizará el consumo energético y evitará una facturación innecesaria.
  • Temperatura de luz: se refiere a la calidad y el color de la luz, yendo desde la más blanca y fría, hasta la más cálida y anaranjada. La primera se suele utilizar en industrias donde se requiera trabajar de forma activa y con precisión (hospitales y centros sanitarios, centros educativos, alimentación…), en cambio luz cálida se acostumbra a utilizar restaurantes, zonas de ocio, comercios… y sobretodo en el hogar.
  • Ángulo de los focos: es la superficie que cubrirá el haz de luz, teniendo en cuenta que cuanta mayor altura mayor ángulo hay (más espacio cubre) pero también más débil llegará esa luz a la parte inferior. Por ello es importante estudiar el ángulo de las luminarias a instalar (la información tiene que especificarla el fabricante) y, calcular la distancia entre lámparas para cubrir el área. Normalmente los almacenes, parkings y garajes no se requiere mucha intensidad de luz, a diferencia de industrias de producción en las que se requiere un buena iluminación para desarrollar la actividad.
  • Reflectores: son dispositivos que proyectan la luz recibida para redirigirla a los lugares donde se necesita de forma más intensa. Son idóneos para minimizar el consumo energético. Aunque existen diversidad de tipos los más utilizados en las industrias son los metalizados.
  • Zonas solapadas: son aquellas en las que hay un exceso de focos de luz e iluminan un mismo punto, lo que redunda en un gasto innecesario tanto en luminarias como en consumo.
  • Zonas muertas: son los puntos negros, o zonas peligrosas en el sector industrial, porque no llega la luz debido a las columnas, rincones, estanterías, zonas de elevado almacenaje… Es importante planificar correctamente la ubicación de los puntos de luz para un óptima distribución y evitar siniestros causados por una iluminación deficiente.
  • Determinar zonas: para llevar a cabo un buen estudio lo recomendable es dividir el amplio espacio por zonas y tratar de forma óptima cada una de ellas de manera independiente. De esta manera se cubren las necesidades específicas ya sea si se trata de una zona de pasillo, o una zona de trabajo. Una vez definidas los usos de esas zonas se debe instalar un sistema de encendido por fases con la finalidad de economizar.
  • Acabados para uso industrial: son aquellas lámparas o bombillas que están especialmente diseñadas y fabricadas para un uso más agresivo, y que pueden estar expuestas a golpes, vibraciones, chispas, polvo, viento, vapores, o temperaturas extremas. Este tipo de luminarias de LED tienen un acabado más resistente y protecciones estancas que las aíslan.
  • Programadores electrónicos: mecanismos para programar tanto el apagado como el encendido de las luminarias. Su objetivo es el de optimizar el consumo de luz y es ideal para negocios que cierran por la noche y los fines de semana y desean asegurarse de que no permanecen las luces conectadas.
  • Sensores de presencia: son sistemas que se activan cuando detectan algún movimiento, en ese caso se ilumina la zona solo cuando es necesario, logrando un mayor ahorro energético. Se acostumbra a colocar en zonas con escaso flujo de personal.
  • Mantenimiento: el coste y consumo de una instalación industrial es bastante superior a la domestica, por eso es recomendable contar con un servicio de mantenimiento, ya sea interno o externo, pero que se encargue de la prevención y cuidados de la misma.